A Tania.
El tiempo que transcurre en un minuto
como reloj de arena se deshace.
Importe mucho o poco, es tiempo,
de un caminar espeso, algo retrógrado,
de andar ―ya digo― algo curvado, lento.
No sin esfuerzo, ese minuto/tiempo
se deja resbalar por las aceras,
entierra tibiamente sus recuerdos
y asume poco a poco, seriamente,
la rotunda escasez de su pasado.
Respira el tiempo vida en su fracaso,
aférrase en tic-tac al minutero,
trata de asir la piel al calendario.
Mas todos sus esfuerzos son inútiles:
en sesenta segundos se ha hecho viejo.
11.8.08
Un leve minuto
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Cuaderno: Otros poemas
31.7.08
Poesía
No lo dijo el maestro, pero afirmo:
poesía para el viandante
que esquiva los semáforos.
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Cuaderno: Otros poemas
29.7.08
Orden caótico
La frenética disposición de ciertas cosas
confunde, nos deforma
el gesto.
Y la palabra que hubo de ser blanca,
fiel compendio de todas las palabras,
se hace retórica invasora, espectro
que anula
toda presencia dispuesta en imágenes
sentidas.
Y así ―imposible―, cualquier verso
se agota;
y ya qué poco importa si en su día
gozase siendo flor inapreciada.
Lo cierto es que ahora muere
por falta de agua o por exceso
de riego,
y se ignora de quién fuera la culpa:
si del invierno crudo o fuera acaso
del celo inútil de aquel jardinero
aciago.
Publicado por Manuel Ortiz a las 20:41 3 comentarios
Cuaderno: Otros poemas
1.5.08
Desolación del poeta
Me he perdido. He naufragado
en un mundo de palabras obsoletas.
Percibo en el aire la fatiga del sintagma,
el rencor de los fonemas, su avaricia de elusiones.
Me han declarado una guerra brutal
los adjetivos. Y no parece haber tregua.
Podría decirse
que han perdido la razón los participios.
Consonantes y vocales me amenazan,
se organizan en plurales batallones
de sujetos comandados por gerundios
sin escrúpulos, cegados por arengas subjuntivas
de alomorfos coroneles transitivos.
No ignoro
que también ellos tienen sus problemas,
sus pronombres personales, posesivos; esos
ancestrales pretéritos que no les dejan dormir.
Y cada noche trato de entenderles
cuando les oigo rezar sus oraciones
cargando en los prefijos el dolor de su epíteto.
Pero nunca atienden a mis vocativos ruegos,
a mis llamadas al orden temporal.
Hace meses que he perdido el paradigma
en mitad de un alfabeto ambiguo de sinónimos
que ya sólo pueden acuñarse en desigual
fórmula cursiva, arrítmica.
Me han declarado la guerra incluso los acentos
que, más que agudos, me observan circunflejos, graves.
Se ha levantado contra mí toda la Gramática
en un golpe de Estado infinitivo.
Publicado por Manuel Ortiz a las 19:45 5 comentarios
Cuaderno: Otros poemas
13.4.08
Sueño
Ríe en su pensamiento de ave migratoria.
El labio que se perfila sesgado en la noche insomne
El beso que ha jamás de pronuciarse.
Trazo y bosquejo, hoja marchita, pálido
perfil el de su espalda.
Sueño. Quisiera sentir que la poseo
y mírome en el hueco de su esfera.
Piso barro y duermo y me amanezco.
Busco la certeza de su hallazgo.
Quiero, ansío, desespero. Persigo
el reloj de su pisada, el gesto híbrido, el perfume
de sus pasos ágiles de baile. Quiero
queriéndome en el frasco de su pócima.
¿Y ella? ¿También sueña? Ella mira,
sólo atisba, titubea, ausculta y palpa en sangre
la vena tibia en mi sendero de ciénagas y lodo.
¿Fue ayer? Divina imagen
sin sombra, vagabunda en el consuelo.
Publicado por Manuel Ortiz a las 20:23 1 comentarios
6.4.08
Aquella tarde
Aquella tarde yo sólo quería
leer en ti, casi no me importaban
tus palabras. Quería ver qué me decían
tus labios, tu nariz, tus pómulos,
quería introducirme en tus ojos
y saber de ti más allá de tu mirada.
Y vi a un ser sensible, doliente y asustado,
a un ser que estaba reclamando
una sonrisa a gritos, un beso, una caricia.
Me diste miedo entonces.
Era una mujer cargada de ternura.
Y debe ser un sueño tenerte entre los brazos,
besarte, sentir tu sexo, estar dentro de ti.
Pero yo soy sólo un ser contradictorio
que busca sin sentido, temeroso
de hallar algo.
Así que cuando nos separamos
sentí un escalofrío, un gran alivio.
Publicado por Manuel Ortiz a las 20:46 4 comentarios
30.3.08
Huída
Cuando cerró con llave la última cancela
sintió un escalofrío. Su venganza,
su adiós arrogante,
era también su firme despedida.
Y aún lloraba
sabiéndose vencida en su victoria.
Él no la seguiría. Seguramente
decidiera resignar su voluntad
y entregarse al futuro como dándose
al último minuto de su vida
con alma de náufrago.
Ella no pensaba
volverse atrás, no le cabían
más gestos ni más explicaciones,
y aún así,
lloraba sin importarle demasiado
de qué color fueran sus lágrimas,
ni qué sabor tuvieran, ni el aspecto
que le dieran a sus ojos.
Quería escapar, bajar las escaleras,
perderse entre las calles y entre el tráfico.
Quería intensamente que lloviera
pese al calor de agosto,
pese al ruido insoportable de las máquinas.
Se fue
dando un suspiro lento, grave, eterno.
Descendió los peldaños casi a ciegas
―los conocía demasiado bien como para caerse―,
corrió hacia la calle y paró un taxi.
No quiso atreverse a levantar los ojos
ni comprobar si arriba, en la ventana,
él la pudiera estar mirando todavía.
Tenía la boca seca cuando dijo:
"Lléveme hasta la esquina donde yacen
los muertos de los sábados".
El taxisto bajó tranquilamente
la bandera, conectó el taxímetro,
miró por el retrovisor y, atento
a los semáforos, apenas dijo:
"Será un placer, señora, buenos días".
Puso en marcha el motor y avanzó lento,
mientras la radio emitía las últimas
noticias sobre el tiempo de mañana.
Publicado por Manuel Ortiz a las 17:34 1 comentarios
22.3.08
Te he esperado
Te he esparado durante años en horas desplomadas
que jamás pudieron expresarse en su momento.
Te he guardado en líneas paralelas
como vigas febriles de trenes vacíos y ruidosos.
He precintado la casa en la que cobijamos
los atardeceres fríos junto a la escalera aquella
por la que nadie nunca subía ni bajaba.
He reservado un lugar azul junto al abismo
en el que tú no te sentabas para oír el vuelo de los pájaros.
¿He malgastado el tiempo dulcificándote en mis recuerdos
perdidos en cajas de humo y en papeles de sombras?
Lo cierto es que aquí estoy y espero todavía
que llegue aquella tarde junto a la farola.
Tal vez por la avenida sonrían tus tacones
y una mujer distinta aparezca de repente
moviendo con firmeza sus hombros persuasivos
al tímido compás de las persianas.
Publicado por Manuel Ortiz a las 10:22 3 comentarios
3.3.08
Queda tu piel
Queda tu piel para amarla y ser mirada,
tu busto perfilado, el pardo
reproche tranquilo de tus labios
y ese cansino andar que te caracteriza.
Sé bien que hoy ya sólo permanece
un pálido reflejo de tu pasión de otrora,
y que en el brillo herido de tus ojos
se miran los años
como se palpan las llagas.
Pero aún corre resistiendo por tus venas
la sangre ardiente, fiel rescoldo de otro tiempo,
néctar frugal el cáliz de tu boca,
trazo sensual el arco de tu vida.
Publicado por Manuel Ortiz a las 9:37 3 comentarios
23.2.08
No sé si se habrá ido
No sé si se habrá ido
o ha renunciado a ser
o ya no es nada.
La recuerdo con su sonrisa fácil de corista
y la melena rubia recogida
en una cola de espumas y diamantes.
La recuerdo tan dulce y tan callada,
moviendo sus manos al compás de la música,
girando las piernas al claror de la aurora.
No sé si se habrá ido
o todavía me espera apoyada en aquel muro
de piedra con un libro entre las manos
y el anillo en el dedo
con esa extraña fecha de ayer,
de mucho antes que ayer.
No sé si ya no es nada.
No. No sólo no me espera,
sino que ha seguido siempre caminando
hasta perderse en un bosque de moléculas,
diluída en la hierba, aunque su huella
persista y aún refleje
la permanencia de su voz cantábrica
como diosa emergente del camino.
O sí. Tal vez, Penélope, me aguarde
en el rincón más luminoso de aquel prado salvaje
donde tantas tardes nos citábamos,
o tal vez continue sentada sobre un banco
y sólo espere al autobús
o ya no espere nada.
Y aún más probable
es que habiendo hallado felizmente
el punto final de su andar apresurado,
detuviera su mano, su pierna y su melena,
y viérase por fin tal como era, como yo la presentía,
dulce y esbelta, silenciosa, rítmica.
Noble y cabal, resucitada.
Publicado por Manuel Ortiz a las 18:04 4 comentarios